La mayor parte del tiempo
Escribo para entenderme.
No es fácil ser yo a veces.
Cuando tengo miedo, ataco.
Cuando amo, pierdo.
Cuando olvido…
Bueno, nunca olvido.
Será por eso que escribir
Es tan necesario.
Una vez me arriesgué a amar.
Ese deporte extremo
De corazones ciegos.
Una vez me puse la bandera blanca
Y bajé las armas, rendida.
¿Luchar? ¡Vaya sí peleé batallas!
Nunca me rendí ante una derrota.
Ni dos, ni tres, o diez.
Ya perdí la cuenta cuántas veces
Caí de bruces al suelo.
Siempre me levanté.
Sólo que esa vez
Rendirse era distinto.
Todo era distinto.
“Se me quemaron los papeles”.
Quise abrir mi pecho y
Dejé el corazón a su alcance.
Con todo lo que implica eso.
Ella lo sostuvo en sus manos
Y le pareció poco.
O demasiado.
Nunca supe bien qué fue.
Una lanza lo atravesó completo.
Un vacío por dentro,
Un dolor sin sitio,
Un latido quebrado...
Por eso me fui,
Llevándome tan preciado tesoro.
Y quizás así, con heridas
De guerras sin ganar,
Quizás, y a pesar de eso,
Alguien más reconocería su valor.
Aún sigo sanando a mi viejo corazón.
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